martes, 25 de abril de 2017

Retrato en blanco y negro


Santiago en "Los antiguos reinos de México" de Armando Salas Portugal
Jardín Borda, Cuernavaca
16 de abril de 2017

lunes, 24 de abril de 2017

f.i.n.a.l.e.s. .d.e. .a.b.r.i.l


Los últimos días de abril me agarraron de vacaciones, primero, y sin computadora, después (mi máquina hubo de someterse a una renovación casi total). Así, anduve más o menos desconectada más de una semana y se me pasaron algunas fechas que suelo recordar en este espacio.

La primera, el cumpleaños de Dasha, queridísima amiga, el día 20. Como cada año, la recordé especialmente en ese día, y mi comadre y yo brindamos por ella. Viviré siempre con el anhelo de volver a abrazarla. Por suerte, de vez en cuando se me aparece en sueños y amanezco feliz y agradecida. 

Y la segunda, Sant Jordi, ese 23 de abril que antes para mí solo era un 23 de abril, hasta que hace tres años quedó renombrado en mi vida. Pero esta vez, en lugar de echarme un viaje de nostalgia, pensé mucho en mi amiga Joana y en su cuento "Mi nombre es Rita". Recordé cómo ese fue uno de los primeros escritos suyos que leí en el primer curso que tomamos, de Narrativa especializada, con Isabel Cañelles. Recordé como, sin conocerla casi le escribí emocionadísima diciéndole cómo me había conmovido su relato, cómo yo tenía una historia personal, si no parecida, sí relacionada con la que ella contaba (en resumen, algo así como un triángulo amoroso) y, además, cómo uno de sus personajes llevaba el mismo nombre de quien protaganizara aquella historia conmigo.

Luego iniciamos un segundo curso juntas, ahora de Proyectos narrativos, pero la vida tenía otros planes y aunque ambas lo terminamos, nuestros caminos parecían apartarse. Pero, ¡oh sorpresa!, nuestra relación estaba lejos de acabarse. A ambas nos invitaron a participar con un relato para la antología que, con el nombre de Incómodos, publicaría RELEEla editorial fundada por nuestra profe. Pero eso no lo supimos hasta después de conocer cuáles habían los relatos seleccionados. Y entonces Joana me mandó un correo celebrando "ser compañeras de índice". Ambas trabajamos con cuentos que habíamos escrito en aquel primer curso y el de ella era justamente el que tenía que ver con esa fecha en que "Barcelona se convierte en jardín de una sola flor: la rosa", como lo dice de forma preciosa en su relato.

Cuando decidí que me lanzaba a Madrid a la presentación del libro, se lo comuniqué de inmediato a Joana y parece que eso fue un aliciente para que ella viajara desde Barcelona también. Quedamos de vernos antes de la presentación, en la librería. Yo ya estaba adentro cuando ella llegó y la vi por el aparador y agité los brazos para llamar su atención. Nunca nos habíamos visto en persona, pero nos reconocimos y nos dimos uno de esos abrazos fuertes fuertes, que se quedan grabados en el cuerpo. Y nos fuimos a tomar un café antes del acto y desde entonces no hemos parado de platicar, en persona allá y luego virtualmente, cada quien desde su lado del Atlántico.

En Madrid, compartimos también los nervios y la emoción antes de la presentación del libro(yo por lo menos, temblaba) y después, las cañas y las tapas. En Villalba compartimos un cocido maravilloso con Jaime, otro querido compañero de índice y compi de curso. Llegar a Villalba fue en sí una aventura, bueno más bien encontrarnos en Atocha, cuando cada una había interpretado de manera diferente el sitio donde nos veríamos y yo iba sin celular (mala fórmula). Pero finalmente, lo logramos y nos embarcamos en el tren de cercanías. De regreso, la acompañé hasta el vestíbulo para tomar el AVE a Barcelona y quedamos en escribirnos. Y nos hemos escrito, y leído de nueva cuenta nuestros textos. Ella me ha comentado (y animado) con la novela y yo aún tengo pendiente (prontito prontito) comentar los relatos que me ha mandado.

Y, además de alguna "gamberrada" que ya nos organizamos juntas, tengo pendiente visitarla en Barcelona y, quizá, compartir un día de Sant Jordi allá.

Por lo pronto, dejo por aquí una rosa atrasada, pero acompañada de gallina chimaleña, para ella y para Dasha, en celebración de los encuentros, de la amistad y de la vida:


viernes, 14 de abril de 2017

Invitado: Karmapa 17



La diferencia entre confianza y orgullo

A veces confundimos la confianza y el orgullo. Sin embargo, son muy diferentes. La confianza es una virtud; algo que necesitamos. El orgullo es una klesha [estado mental alterado]; algo de lo que necesitamos deshacernos. Puesto que, no obstante, en ocasiones los confundimos, deberíamos ver lo que 
es el orgullo en realidad. 

El orgullo es cuando te llenas con un sentido de tus propios logros, como cuánta práctica haces y demás. El problema con el orgullo es que, no solo la propia mente se llena con un sentido de lo que has hecho de tal forma que se resiste a mejorar, sino que, además de eso, sobre la base de ese sentido de los logros, denigramos a otros. En un estado de orgullo, nos comparamos con los demás y siempre encontramos que son insuficientes. Y este es el peor problema que el orgullo nos trae. 

Necesitamos distinguir, sin embargo, entre confianza y orgullo, y con respecto a ellos, necesitamos recordar que cuando hacemos cosas buenas, las estamos haciendo, entre otras razones, para nuestro propio beneficio. Por ejemplo, algunas personas sienten la necesidad de publicitar sus virtudes, como cuando dicen: "Soy una persona benévola" y demás. Y, olvidando el punto de tener buenas intenciones, pueden sentirse decepcionadas cuando los demás no están conscientes de su virtud o se rehúsan a aceptar su existencia.

Necesitamos considerar la analogía de los dibujos de un niño. Cuando los niños dibujan, dibujan representando sus propios sentimientos y su propio sentido de las cosas, no tomando en cuenta los gustos del mundo adulto. De la misma manera, nuestra práctica es un reflejo de nuestras propias necesidades, nuestros propios sentimientos y demás, y no es algo que esté diseñado para presentarse directamente antes los demás.

La virtud, como sea que la cultivemos, nos debería de hacer entrar en calor, como esos calentadores de manos que usa la gente cuando trabaja a la intemperie en climas extremadamente fríos. Y si nuestra propia virtud no nos produce algún calor o calidez, entonces nos quedamos sin nada útil que compartir con otros. El propósito de nuestra virtud es mejorar nuestro estado mental e incrementar nuestra propia felicidad y bienestar y otorgarnos confianza. Por lo tanto, la confianza es importante, pero si nuestras buenas intenciones de alguna manera se congelan en nuestro interior, entonces nos convertimos en algo como un trozo de hielo, carentes de cualquier calidez.

En breve, necesitamos confianza pero no necesitamos orgullo.




De una enseñanza otorgada por el Gyalwang Karmapa 17 en Bodhgaya, 2014.



















Original en inglés, aquí.
Traducción al español, mía.

miércoles, 12 de abril de 2017

k.i.o.s.c.o


Así se veía hace casi un par de semanas La Alameda de la colonia Santa María la Ribera en la Ciudad de México. Yo había oído hablar mucho sobre este lugar, pero nunca había ido.




Detrás de la fuente, está el famosísimo kiosco morisco, al centro del parque. Esta construcción ha sido símbolo del barrio desde que lo trasladaron allí a principios del siglo pasado, cuando Porfirio Díaz decidió celebrar la independencia erigiendo el hemiciclo a Juárez, donde hasta entonces había estado el kiosko, como sede de los sorteos de la Lotería Nacional. La estructura fue diseñada por el ingeniero José Ramón Ibarrola como el Pabellón de México en la Exposición Universal de 1884-1885 y en la Feria de San Luis Missouri en 1904. No fue regalo de ningún jeque árabe ni están claros los aspectos astrológicos y mágicos que se le atribuyen por su planta octagonal y sus decoraciones geométricas. (Si quieres, aquí puedes leer más sobre la zona y el kiosco.)

Lo que es indudable es que es una estructura bellísima. Mi amiga Ángela y yo la recorrimos, fotografiamos y disfrutamos durante un buen rato, antes de encontrarnos con otras amigas para comer en un restorán ruso que está en la esquina del parque. ¡Genial plan para un sábado turístico en la capital!

Aquí la cúpula del kiosco por fuera y desde adentro:






Y acá, algunos de sus arcos en perspectiva y en detalle:




Visto desde afuera también tiene mucho encanto:





Y, claro, para rematar siempre resulta interesante (para mí, por lo menos) echarme el clavado en el diccionario de la RAE:

quiosco
Tb. kiosco.
Del fr. kiosque, este del turco köşk, este del persa košk, y este del pelvi kōšk'pabellón'.
1. m. Templete o pabellón en parques o jardinesgeneralmente abierto por todos sus ladosque entre otros usos ha servido tradicionalmente para celebrar conciertos populares.
2. m. Construcción pequeña que se instala en la calle u otro lugar público para vender en ella periódicosfloresetc.

Curiosamente, existe también una expresión eufemística con este vocablo:
quiosco de necesidad

1. m. p. us. Retrete público.

Aunque probablemente estos "quioscos" ya no sean tan comunes como solían serlo.

sábado, 8 de abril de 2017

.54.


Hace tres días cumplí 54 años y desde el mero 5 intenté sentarme a escribir algo, pero hasta hoy me fue imposible. Cumplir años me gusta y me gusta celebrar y que me celebren. También me recuerda tiempos pasados, que no siempre fueron mejores, pero donde se quedaron personas que hoy (por una cascada de diferentes motivos) ya no están. Y yo, cada año, las vuelvo a recordar.

Los días anteriores al cumpleaños fueron raros, difíciles, largos, tristes. Sentía que un manto, muy negro y muy pesado, se había aposentado sobre mí. Duelos. Dudas existenciales. Ansiedades. Llantos. Y demás compañeros oscuros.

También es cierto que aunque ese lugar no me resulta extraño (lo he visitado varias veces a lo largo de mi vida), en esta ocasión pude ver, aun estando dentro, que era pasajero. (En general cuando estoy ahí, estoy convencida de que no pasará nunca.) Y también, pude darme cuenta cómo el tejido del manto no es tan sólido como parece, sino que la tela ha empezado a abrirse, dejando huecos entre los hilos por donde se cuela la luz. Y entonces la experiencia misma fue menos trágica de lo que solía ser. Todo un hallazgo.

Y así llegué al aniversario decidida a acabar de quitarme el manto de encima. Primer remedio: corte de pelo "en privado" con Bruno. Y los restos de depresión quedaron junto con los mechones, tirados en el piso. Salí de ahí contenta y muy regalada y sin planes definidos para el resto del día. En casa me esperaba mi hijo con Protágoras, mi regalo de cumple. Al rato llegó mi amiga Evelyn y los cuatro nos fuimos a comer. Aquí una de las fotos que ella nos hizo:


El día terminó con mi vuelta al espacio de biodanza, donde mi amiga Ángeles también aprovechó la sesión para celebrarme. Y me sentí muy querida (lo cual dejo de ver cuando me creo que el manto oscuro es insuperable).  

Al día siguiente, pensando que ya había pasado todo, llegué a la escuela para encontrarme con la fiesta sorpresa que me habían organizado mis alumnitas (y mis dos chicuelos) adorados de octavo.El festejo fue completamente inesperado (si hasta optaron por no felicitarme por FB, para que no sospechara nada...) y yo quedé profundamente conmovida. He aquí la constancia:



Y así vienen y van los días y se pasa la vida. Solo me queda vivirla y dejar ir los momentos para dar la bienvenida a los que siguen, intentando fluir más y azotarme menos.

domingo, 26 de marzo de 2017

Invitado: Dennis Hunter


Adictos al amor: Despertar cuando se nos rompe el corazón

En 2008, me enamoré de alguien que optó por dejar nuestra relación. Aunque la relación en sí había durado poco tiempo, yo estaba destrozado emocionalmente. Mis sentimientos de apego y la sensación de abandono eran abrumadores. Todos los días durante más o menos dos semanas, me sentaba en el borde de la cama y lloraba. Incluso un día en el gimnasio me descubrí levantando pesas con lágrimas en la cara. 

Lo que más me sorprendió de esa experiencia fue lo difícil que era simplemente soltar. Me encontré atrapado en un patrón de intentar aferrarme al pasado, incluso después de que ya se había convertido en algo más. Seguía lamentándome por lo perdido y deseando poder convertir la calabaza de nuevo en carruaje. Esta secuela emocional perduró mucho más allá del punto en que sabía que "debería" ser capaz de soltar y seguir adelante, pero no sabía cómo. Era simplemente incapaz de dejar de pensar en cómo podrían haber sido las cosas... cómo deberían haber sido... si tan solo yo hubiera... si tan solo él hubiera...

La maestra budista Judith Simmer-Brown dirige talleres que examinan el lado neurótico del amor romántico, el papel del romance y la intimidad en el camino espiritual, y la diferencia entre el romance neurótico y el amor genuino.

Una diferencia importante entre ambos, apunta Simmer-Brown, es que el amor neurótico se caracteriza siempre por un sentido trágico de peligro y por obstáculos que intensifican los sentimientos mutuos de los amantes. A gran escala, pensemos en Romeo y Julieta —la historia de amor por excelencia en nuestra cultura y la plantilla para un millar más de historias románticas—, cuyo romance trágico solo se intensificó por la oposición de sus familias y los obstáculos que ello levantó entre ambos. En el amor neurótico, eros y thanatos están mezclados inextricablemente. Siempre hay una corriente oculta de muerte y separación inminente, que solo sirve para azuzar más aún a los amantes en su romance. Así, el romance neurótico es una amor infeliz. Por definición, no puede satisfacerse. Es un montaje para la desilusión.

Recuerdo cómo ese novio en particular siempre tuvo un pie dentro y otro fuera, y cómo mi respuesta a eso fue engancharme más profundamente. Me hizo saber, al comienzo, que había estado planeando dejar Nueva York y regresar a la costa oeste, así que la idea de que podría de improviso empacar y terminar con nuestra relación fue como una espada suspendida sobre nosotros, advirtiéndome del dolor que vendría si me apegaba demasiado a él. Pero, tomar ese obstáculo como el clásico reto en la fantasía romántica solo me hizo aferrarme tanto más fuertemente a la fantasía, intentando convencerme (y quizás a él) de que debíamos estar juntos y no separados.

El amor neurótico se caracteriza por la creencia de que el amante, el alma gemela, el "indicado", nos va a redimir de alguna manera, a completarnos. Desde una perspectiva espiritual, es, de hecho, una expresión de nuestro anhelo místico por lo divino, encarnado en el arquetipo de los amantes y su conexión desventurada. Este arquetipo permea nuestra cultura y está incrustado en la mayoría de las historias que nos contamos sobre el amor romántico. Pero en este caso, nuestro anhelo místico por el poder redentor de lo divino está dirigido erróneamente hacia otro ser humano quien —a diferencia de lo divino— es imperfecto e impermanente. Ese novio siempre se iba a marchar y básicamente así me lo hizo saber todo el tiempo. Pero yo simplemente no quería oírlo. Me estaba programando para la desilusión y para que se me rompiera el corazón al seguir apegándome más y más a él.

Simmer-Brown sugiere que este tipo de amor neurótico no es en realidad amor por la persona, sino amor por el amor. En lugar de ver a la otra persona con precisión, proyectamos nuestras esperanzas y miedos sobre ellos y nos enfocamos solo en las cosas que, en ellos, nos confirman nuestra fantasía. Cuando la fantasía se rompe y salen a flote las verrugas, el amor neurótico fácilmente se vuelve aversión u odio. El apego frustrado se convierte en agresión. Pero el amor verdadero no se transforma tan fácilmente en su opuesto.

Gran parte de la fuerza propulsora del amor neurótico brota de nuestro deseo de escapar de nuestra soledad. En general, cuando nos sentimos solos, buscamos algo que haga desaparecer la sensación. Las relaciones románticas son la panacea universal, aquello que nuestra cultura toda nos entrena a buscar automáticamente en tiempos de soledad. 

Recordando la situación después de todos estos años, entiendo que la cantidad de dolor e infelicidad que experimenté después del rompimiento de esa relación en particular era completamente desproporcionada al nivel de compromiso que compartimos o al tiempo que pasamos juntos o a cualquier otra medida objetiva de la seriedad de la relación. Sentía tanto dolor que de ninguna manera podía haber sido provocado por la propia relación o el rompimiento. El dolor ya estaba ahí en mí, enterrado en lugares más profundos dentro de mí, y esa experiencia de desamor simplemente lo sacó a la luz. Fue un disparador para lo que Eckhart Tolle en El poder del ahora llama el "cuerpo de dolor", esa sombra escondida de pesar, rabia, tristeza y miedo que todos llevamos dentro nuestro y que algunas veces se activa en las relaciones íntimas.

La realidad es que siempre estamos solos con nosotros mismos, incluso cuando estamos enamorados de alguien más. Relacionarnos con nuestra soledad de forma menos neurótica —abriéndonos a la experiencia de la soledad con compasión y gentileza amorosa por nosotros mismos en lugar de aferrarnos automáticamente a algo o a alguien que la haga desaparecer— es el acto fundamental de hacer amistad con nosotros mismos, un paso central para crecer espiritual y emocionalmente.

Cuando se nos rompe el corazón, podemos tener la sensación de un fracaso atroz, uno de los momentos más bajos de la vida. Pero bajo la superficie, esconde lecciones espirituales invaluables. Mi amiga Susan Piver escribió un libro muy vendido llamado The Wisdom of a Broken Heart (La sabiduría de un corazón roto). A propósito del desamor, ella dice en su libro: "Tan improbable como pueda sonar, esta pena es, de hecho, la puerta de entrada a la felicidad duradera, esa que nadie puede quitarte". 

Puedo aspirar a aprender del desamor para despertar de mi propia confusión y ayudar a otros a hacer lo mismo. A pesar de las lágrimas que derramé por ese romance neurótico (entre otros) y el regusto amargo que me dejó en la boca, puedo aspirar a seguir desplegando un espíritu de gentileza amorosa y compasión, de perdón y tolerancia, de generosidad y amistad, incluso hacia aquellos que han herido mi orgullo y me han decepcionado, aquellos que no estuvieron a la altura de los planes que mi corazón o mi ego tenían para ellos.

Además, ¿cuál es la alternativa? ¿Llevar antorchas, lamerme las heridas, alimentar resentimientos, regodearme en la amargura o la autocompasión? ¿Mantener mi corazón cerrado porque no obtuve lo que quería? Ese es el camino hacia la locura.

En la experiencia misma del corazón roto, podemos descubrir lo que el maestro budista ChogyamTrungpa llamó "el corazón genuino de tristeza". No el tipo de tristeza común que sentimos cuando estamos deprimidos o desanimados, sino la tristeza que proviene de esa parte tierna y adolorida de nuestro ser que sabe de nuestro propio sufrimiento y del sufrimiento de los demás y que está naturalmente llena de compasión y sabiduría. 
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Dennis Hunter es un maestro de meditación y autor de You Are Buddha (Tú eres Buda, 2014) y el próximo The Four Reminders (Los cuatro recordatorios, 2017). Vive en Miami con su esposo. Síguelo en  on FacebookTwitter, o Instagram.

Adaptado y actualizado a partir de un artículo aparecido previamente en One Human Journey.

Original en inglés, aquí.
Traducción al español, mía.

lunes, 20 de marzo de 2017

p:r:i:m:a:v:e:r:a:


Ya desde hace unos días, las horas de claridad empezaron a alargarse, un poco cada atardecer. Entre hoy y mañana, el día y la noche durarán lo mismo (equinoccio le dicen) y luego seguirá ganando la luz hasta encontrar su máxima expresión en el solsticio de verano. Curiosa nuestra inclinación por medir el tiempo, por nombrarlo, como si así pudiéramos detenerlo, aun por un instante más.

Yo ando transitando una época de cambios también (quizás todas lo son pero no siempre somos conscientes) y las palabras se me quedan escondidas entre las rendijas de la ansiedad y los recuerdos. (Muchas otras, también es cierto, se van convirtiendo en novela.)

Ayer vino Santiago "de visita" (todavía no me acostumbro). Vimos al Barça (que ganó, por suerte), fuimos a comer tacos (en casa no quedaba prácticamente nada) y trabajamos juntos en una traducción. De ida a La Gringa II,la taquería, yo iba buscando imágenes para ilustra el tema "primavera" (el de hoy en el grupo de fotografía). Muchas veces (ahora menos) le pido a Santiago su opinión sobre una imagen u otra.

Ayer opté por fotografiar las flores rosas que un árbol esplendoroso va dejando caer sobre la calle a medida que pasan los días. A Santiago y a mí nos gustó esta perspectiva.




sábado, 18 de marzo de 2017

s.i.l.u.e.t.a.(.s.)




silueta
Del fr. silhouette.
2. f. Forma que presenta a la vista la masa de un objeto más oscuro que el fondo sobre el cual se proyecta. 

O, también, imagen rescatada de una carpeta casi olvidada de un paseo casi olvidado con un personaje casi olvidado.

jueves, 16 de marzo de 2017

resbaladilla


Hoy descubrí que esta palabra ni siquiera está registrada en el Diccionario de la lengua española. Jamás se me habría ocurrido que no existiera. Y entonces, ¿dónde se dejan resbalar los niños (o adultos) españoles por diversión? Pues nada menos que en un tobogán (del inglés toboggan). A estas alturas quién sabe cuál variedad del español ganaría el concurso por usar más palabras provenientes del inglés. (De joven, llegué a enfrascarme en más de una discusión con mis parientes peninsulares por este motivo. Hoy no vale la pena.)

Y cuando busqué imágenes para ilustrar este tema en el grupo de fotografía, me acordé de esta resbaladilla en casa de Ma. Eugenia en Chimal. 

También podría llamarse A U S E N C I A.



martes, 14 de marzo de 2017


Hoy, hace un rato, salía hacia el trabajo y me encontré con que algunas flores de bugambilia habían aterrizado cerca de mi edificio. No eran color bugambilia, sino más bien rosa. Eso sí, un rosa encendido. Descansaban sobre un trozo mínimo de césped.

Seguí andando y siguieron apareciendo bugambilias. Entonces pensé que no podía ser una simple coincidencia. Que alguien las había dejado, en lugar de migajas, para no perder el rastro.

Y a mí, el viento me trajo de vuelta mucho antes de lo previsto. Quizá fue el conjuro de las bugambilias.

lunes, 13 de marzo de 2017

Invitado: Chogyam Trungpa Rinpoché



❄️  ESPACIO CONGELADO  ❄️

Creamos nuestra seguridad disponiendo las cosas en categorías, nombrándolas, usando términos relativos para identificar sus interrelaciones, cómo encajan unas con otras. Y esta seguridad trae felicidad y consuelo temporales. No hay 
para nada un intento de lidiar con las proyecciones como situaciones emocionante y fluidas; en cambio, el mundo se ve como algo absolutamente sólido y rígido. Todo es movimiento congelado, espacio congelado, solidificado. Vemos los colores como son, pero de alguna forma son colores plásticos en vez de colores arcoíris. Esta cualidad sólida es la barrera dualista.




Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

viernes, 10 de marzo de 2017

a.l.b.e.r.c.a




alberca
Del ár. hisp. albírka, y este del ár. clás. birkah.
1. f. Depósito artificial de aguacon muros de fábricapara el riego.
2. f. poza (‖ balsa para empozar el cáñamo).
3. f. Méx. piscina (‖ construcción que contiene gran cantidad de agua).

Y Mariel y David, mis grandes amigos argentinos, me enseñaron que allá se va a nadar en la pileta (aún en mi lista de pendientes). Además en Argentina, lanzarse a la pileta es como tirarse a la piscina en España, en el sentido de "acometer una empresa sin ponderar sus riesgos". En México, echarse a la alberca, solo significa echarse a la alberca. "Aventarse como El Borras" describiría para nosotors ese acto intempestivo, para bien o para mal.
(Aquí una interesante reflexión sobre el personaje y el acto.)