jueves, 21 de junio de 2012

mi tía Marisa

En el rancho, a los 89 años

Nació en Asturias, España, hace un poco más de 91 años. Llegó a México hace 70, o sea, cuando tenía 21 y dejó su tierra natal al lado de su madre y sus hermanos para reunirse con su padre en México, donde este había llegado como refugiado después de la guerra civil española. Es la mayor de dos hermanas (Angelita y Maricarmen) y un hermano (Román, mi papá). Sobrevivió una guerra, el exilio, la muerte de una de sus hijas a una edad temprana, la muerte de su primer marido, la muerte del segundo, la muerte de sus padres y la de todos sus hermanos. Se casó casi recién llegada a México, a los 22 años, con mi tío Jean, un francés que había dejado Europa durante la guerra y le llevaba 11 años. Con él tuvo cuatro hijos (de los cuales se desprenden varios nietos y biznietos). Duraron casados 45 años, hasta que él murió. Cinco años después de enviudar, decidió volverse a casar con otro refugiado español, también viudo, originario de Valencia, 14 años mayor que ella. Es decir, que para sus segundas nupcias, ella tenía 72 y él 86. Fue una novia guapísima, vestida toda de rojo. Aunque le auguraron que se pasaría su segundo matrimonio "camino al hospital", más bien fueron "camino de Europa" un par de veces y disfrutaron mucho los años que pasaron juntos, hasta que enviudó nuevamente. Desde hace un año y medio, poco después de celebrar sus 90, dejó su casa de toda la vida en las faldas del Popo, "el rancho" como le decíamos de cariño, para irse a vivir con su hija a Guadalajara y sobrevivió, una vez más, esta pérdida. Hace unos días hablaba con ella y me contaba que estaba yendo a un club de personas mayores. Me propuso buscarnos un par de novios (un abuelo y un nieto, quizás) y planear una boda doble, a pesar de que ya no pueda celebrarse en el rancho, donde tuvieron lugar su segundo matrimonio y mi primero. Así es mi tía Marisa: tiene una capacidad increíble de disfrutar la vida, de llorar cuando es el momento, y de seguir disfrutando después de las lágrimas.

1 comentario:

  1. ¡Me encantó! Ya siento que quiero a la Tía Marisa. Abrazos.

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