domingo, 14 de abril de 2013

Amistad 19 o

Mi comadre y yo

Esta entrada tendría que haberla escrito y publicado hace mucho tiempo. Es, quizás, porque María Eugenia, mi comadre, siempre está presente en mi vida, siempre es compañía confiable y amorosa, siempre es escucha atenta y nunca fuente de reclamos ni chantajes que no se había colado entre mis escritos, que tienen como uno de sus temas predilectos mis relaciones conflictivas (o mi manera neurótica de relacionarme, como usté prefiera).

En fin, que la RAE propone varias definiciones divertidas para el término comadre:

2. f. Madrina de bautizo de una criatura respecto del padre, o la madre, o el padrino de esta.
3. f. Madre de una criatura respecto del padrino o madrina de esta.

Estas dos, pues, se complementan y así yo soy tan comadre de María Eugenia como ella lo es mío. El hecho es que a Santiago, mi hijo, nunca lo bautizamos pero eso no nos impidió (en sus inicios, esta relación implicó tanto a mi entonces marido como a mí) que nos relacionáramos de manera muy íntima con quien había sido la arquitecta de mi padre, invitada a nuestra boda por él mismo. Es decir, que se podría decir que a María Eugenia la heredé de mi papá.

A lo largo de los años, desde nuestra estancia en Chimal (el pueblo donde vive María Eugenia, en las faldas del volcán Popocatépetl y donde aún se yergue "el castillo plano", la casa que mi padre construyó) aún sin Santiago, hasta hoy cuando él se acerca peligrosamente a la mayoría de edad y su padre desapareció del mapa, hemos forjado una amistad profunda, con visos de familia, en el mejor sentido del término.

Así pues, la RAE también dice que comadre es:

5. f. coloq. Vecina y amiga con quien tiene otra mujer más trato y confianza que con las demás.

Lo cual, a su manera, también nos describe a María Eugenia y a mí. Una de las actividades que más disfrutamos juntas es simplemente platicar y platicar y platicar y siempre se nos quedan temas en el tintero. Intercalamos las conversaciones con películas o con juegos de cartas, si el hijo está presente. Y brindamos con tequila o con rompope. Su casa, compartida hasta hace poco con su madre, doña Teresa, quien fungió mucho como abuela de mi hijo, es un paraíso para mi pasión por fotografiar flores y hace poco, cuando intentaba retratarla, me dijo que odiaba que le sacaran fotos. Así que dejo aquí un retrato que saqué con su permiso (tengo varios sin él...) y otro que ella me hizo a mí: dos reflejos sobre un mismo cristal:


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